Las noticias coinciden con el tiempo y la forma, y tristemente en el
fondo. La Guardia Civil expone en un informe las presuntas conexiones
dentro de la cúpula de la Junta de Andalucía con la trama de los ERE
fraudulentos. Otro informe policial, elaborado esta vez en Cataluña,
pone al descubierto los vínculos entre la trama delictiva desmantelada
en torno al " Palau " y diversas entidades en la órbita
de quienes ahora mismo sustentan con sus cotos en el Parlamento catalán
al gobierno de La Generalidad. Otro detalle común a ambas historias, y
que no resulta por cierto baladí, es que los informes policiales apuntan
a partidos que en este momento se hallan en el ejecutivo y por tanto en
el ejercicio de delicadas e importantes responsabilidades.
Tan
pronto como los informes policiales salen a la luz pública, alguien
desde las filas de la formación investigada sale a la palestra para
desmentir cualquier posible responsabilidad. De paso, ya que las
diligencias policiales dejan poco margen interpretativo, se impone
desacreditar a las FF. y CC. de Seguridad del Estado actuantes, que
habrían llegado a esas conclusiones por caminos tortuosos, ilícitos y
con motivaciones espurias. En Andalucía, apurando las posibilidades
expresivas y narrativas de nuestra lengua, se ha llegado a decir que los
guardias civiles han actuado siguiendo procedimientos inquisitoriales.
Toma ya. En España apelar al Santo Oficio para describir tu actuación es
algo más que mentar a la bicha: es alinearte directamente con el
siniestro Torquemada, Darth Vader y demás acólitos del lado oscuro de la
Fuerza.
Pero los políticos que se ponen delante de las cámaras
para decir estas sandeces, con todo lo que ha llovido en estos últimos
años, deberían pararse a pensar en el conflicto que plantean entre los
que vemos y escuchamos. Y que no es otro que la disyuntiva entre
creerlos a ellos, con sus vacuas explicaciones, amén de imparciales, o a
unos funcionarios que, en la mayoría de los casos, lo único que hacen
es cumplir con su deber, trabajando con rigor, independencia y
ecuanimidad.
Deberían de recordar la valoración que les tiene
asignada la ciudadanía, y la que se les dispensa en cambio a la Guardia
Civil y al Cuerpo Nacional de Policía. Los jueces decidirán, tanto en lo
que respecta a los Ere´s con en el intrínseco caso del Palacio de la
Música catalán. Hasta entonces nada podría afirmarse de manera
irrefutable, pero, la experiencia me lleva a no confiar un ápice en los
políticos. A lo mejor, cuándo comprendan que para restaurar esa
confianza deberían de barrer a fondo su propia tienda.-
-Jose A. Chaves-
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